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El
diseño del verde urbano precisa imaginación y oficio. La elección de las
plantas es una fase crucial, ya que completa el proyecto y a la vez es
su base.
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Árboles. Son los aportadores de mayor biomasa, de gran importancia medioambiental.
Desde el punto de vista de la configuración del paisaje, el árbol tiene
todavía, si cabe, mayor protagonismo. El árbol es el elemento fundamental
para la concepción de un espacio en el futuro. En el momento de la plantación,
la diferencia entre los distintos vegetales, árboles, arbustos, plantas
tapizantes, etc., no suele ser muy acusada, pero con el tiempo, la repercusión
de los árboles en el paisaje ocupa el primer lugar. En un principio,
los tamaños están relativamente más próximos, pero más tarde, el árbol,
si ha sido escogido correctamente, alcanzará un gran desarrollo, e incluso
puede hacer desaparecer estructuras, construcciones, edificios en general
y transformar los espacios. El árbol puede utilizarse para ocultar estructuras
y para decorarlas, para evitar la erosión, o como forma en el espacio.
Además, puede emplearse como material, como ornamento, o bien usándolo
como configurador y definidor del espacio. Es el principal protagonista
de los beneficios medioambientales del verde urbano pero también tiene
una función estructural ya que actúa como organizador del espacio. Según
su disposición pueden contribuir a crear unos espacios especialmente
protegidos del viento, del ruido o de la contaminación atmosférica.
En cuanto a la discusión o duda sobre el uso de especies de hoja caduca
o perenne, lo más equilibrado es no emplear exclusivamente una u otra
selección. Las especies de hoja perenne son adecuadas para aquellos
puntos donde interese dar una sensación de persistencia en el espacio.
Las plantas o árboles de hoja caduca permiten apreciar las transformaciones
del paisaje y del espacio a lo largo del año. En general, los jardines
con plantas o árboles de hoja caediza suelen ser jardines más cambiantes
y atractivos, un aspecto a tener en consideración. Lo más adecuado es
encontrar un equilibrio entre estos dos tipos de árboles.
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En
cuanto a la cantidad de especies distintas a utilizar, y no sólo para
el caso de los árboles, también conviene hacer algunas reflexiones. Tanto
la uniformidad como la variedad excesivas pueden ser contraproducentes.
Se debe intentar que las especies utilizadas tengan en común algunos elementos
que permitan su fusión, su ensamblaje.
Una
vez que se han escogido las especies de árboles y los lugares adecuados
se procede a la plantación. Los meses que ofrecen mejores condiciones
meteorológicas son noviembre y marzo. El hoyo para plantar el árbol no
debe ser inferior a 80 centímetros de longitud, anchura y profundidad,
aunque estas medidas variarán según el tamaño del cepellón. La tierra
extraída debe enmendarse con estiércol y substratos para conseguir un
mejor terreno.
- Arbustos.
Son plantas leñosas o semileñosas que suelen superar los 50 centímetros
de altura y que, por lo general, no sobrepasan los cuatro metros, aunque
en algunas excepciones llegan a medir hasta siete. Algunos arbustos,
sobre todo cuando están expuestos a los fríos invernales, pueden perder
prácticamente toda la vegetación, confundiéndose a veces con plantas
vivaces de tipo herbáceo.
Las
plantas trepadoras podrían formar un capítulo aparte, ya que a menudo
superan los siete metros y sus características de fijación o trepa son
particulares, pero la mayoría de los autores las engloban con el resto
de arbustos. La importancia de los arbustos en los espacios verdes es
evidente, ya que después de los árboles, son los elementos más definitorios
desde un punto de vista vegetativo. Las masas arbustivas pueden usarse
para separar espacios formando setos de recorte o setos libres, para variar
la tonalidad del paisaje con los colores de las hojas o de las flores,
para marcar las estaciones a través de la hoja caduca o perenne, sin desestimar
otras posibilidades ambientales como las fragancias, las texturas, etc.
Por lo general, son plantas muy útiles para mejorar las condiciones medioambientales
que deben conseguirse con el verde urbano. Una de sus funciones más relevantes
estriba precisamente en que pueden formar sólidas barreras vegetales para
reducir el impacto acústico del tráfico de la ciudad, así como el impacto
visual.
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Plantas vivaces. O también denominadas plantas policárpicas, pueden
ser de hoja perenne, presentes todo el año, o de hoja caediza, es decir,
que pierden la parte aérea cada año. La botánicas las define como aquellas
plantas que en su hábitat de origen, emiten anualmente nuevos brotes,
que se desarrollan, florecen y mueren siguiendo un ritmo anual, ciclo
que realizan durante más de dos años. Normalmente, se encuentran plantadas
formando parterres, en rocallas, bordes herbáceos, macizos, etc. Pueden
usarse en sustitución de las plantas anuales, en cuyo caso aportan un
beneficio económico evidente no sólo por el costo de las plantas sino
también en lo que se refiere al ahorro de la plantación y arranque de
los parterres con plantas anuales. Dada su floración, espectacular en
muchos casos, o la coloración de las hojas, se convierten en los elementos
fundamentales para marcar las tonalidades o colores del futuro espacio
verde. La duración de las plantas vivaces puede ser desde un mínimo
de diez años para la mayoría, hasta veinte años para muchos de los Acantos,
o de los Iris.
- La
mayor parte de las plantas vivaces no exigen mucho del terreno y siempre
se pueden elegir especies apropiadas para suelos con características
especiales. Si los árboles crean la estructural fundamental del jardín
y los arbustos ayudan a crear espacios, delimitar, tapar, acoger, etc.,
las plantas vivaces proporcionan magia y color a los jardines.
- El
uso de plantas vivaces en el verde urbano debe ser en grandes masas
homogéneas para poder realizar su riego y mantenimiento diferenciado.
Dada la aplicación de estas plantas, es conveniente que la elección
de las especies se realice conforme a sus características de crecimiento.
Además, deben tenerse en consideración una serie de normas que ayudarán
en su cultivo:
- Áreas
de extensión considerable.
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Tener en cuenta la altura de las plantas para colocarlas escalonadamente.
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En caso de bordes mixtos evitar especies con necesidades hídricas muy
dispares.
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Prever el desarrollo de la especie, ya que algunas variedades precisan
mucho espacio en poco tiempo.
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Dar aspecto naturalizado al área, evitando espacios con geometría lineal.
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Para optimizar el éxito de estas zonas deben crearse pequeñas colinas
o resaltes.
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Evitar exponer los macizos de vivaces de porte alto a la acción directa
del viento para evitar que las vuelque en el momento de su mayor crecimiento.
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Apoyar los bordes de vivaces sobre masas de arbustos, setos, etc.
El
seguimiento de estas normas y una correcta elección de especies ayudan
a conseguir una mejora sustancial de la satisfacción de los ciudadanos
y, por tanto, de su calidad de vida.
- Céspedes
y praderas. Desde el punto de vista del paisaje, la función del césped
es unir los distintos espacios con vegetación de las zonas verdes. Pueden
utilizarse mezclas para que el resultado sea un color verde más vivo,
más oscuro, más intenso, etc. La textura puede ser fina o gruesa, e
incluso rústica. Existen dos estilos paisajísticos que definen el volumen
de la presencia de estos elementos: el americano, donde la pradera cubre
la totalidad del suelo, y el japonés y europeo, donde es una mancha
que se encuadra entre plantaciones, caminos y borduras. En España, la
tendencia que se sigue, con restricciones, es la segunda, pero aún así
las áreas de césped dentro del verde urbano significan un porcentaje
muy considerable y precisan de la mayor parte de los presupuestos de
conservación, por lo que debe restringirse su cultivo, sobre todo, en
las ciudades con poca disponibilidad de agua. Además, es recomendable
utilizar mezclas muy rústicas, resistentes al pisoteo, a la sequía,
al encharcamiento puntual y extremadamente vigorosas.
La
pradera, el césped y el tapiz verde son términos poco definidos. El concepto
más amplio de césped comprende toda la superficie del terreno cubierta
de plantas de poca altura que dan una unidad al área verde, ocultan el
suelo y dan homogeneidad y colorido a toda su extensión. El concepto restringido
de césped se aplica a la superficie cubierta por especies vegetales que
toleran la pisada del hombre y mantienen unas características similares
en todas las estaciones.
El
nombre de pradera se reserva a la superficie cubierta especialmente por
gramíneas, leguminosas forrajeras, etc., que, según su composición, es
más o menos adecuada para ser transitada y cubre bien el objetivo de homogeneizar
el paisaje. La pradera es también muy adecuada para terrenos sin paso
que se deseen proteger de la erosión.
Se
denomina tapiz a los terrenos cubiertos por zonas tapizantes como los
juníperos, la hiedra, las violetas, etc., que dan un buen acabado paisajístico
pero no son áreas adecuadas para el tránsito.
- Clasificación
de los céspedes. La práctica totalidad de las plantas que conforman
el césped son gramíneas, plantas vivaces que duran varios años. Su mayor
o menor duración depende del suelo, clima, las plagas y los cuidados
de conservación que se les dispense. El objetivo del césped es cubrir
con rapidez y densamente el suelo, dar un aspecto verde, soportar el
paso de personas, resistir el frío, el calor, la salinidad, el viento,
el exceso de humedad y todo tipo de condiciones adversas y, a la vez,
persistir durante muchos años. Algunas especies se adaptan bien a algunos
de estos requisitos y peor a otros, por lo que es habitual la mezcla
de semillas. Los céspedes típicos de jardín deben utilizar gramíneas
finas, elegantes, bien conformadas y con olor uniforme, de las cuales
hay una gran variedad que posibilita su uso en circunstancias muy variadas.
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