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Existe
una serie de residuos de carácter diverso que podrían clasificarse como
especiales, dado que su limpieza requiere personal y medios muy concretos.
Son las hojas de los árboles, los restos de la poda, los excrementos de
animales, las áreas degradadas, los vehículos abandonados, etc.
La
retirada de estos residuos de pueblos y ciudades requiere planificaciones
especiales. Por tratarse de residuos muy variados y poco homogéneos, además
de puntuales y estacionales, su solución depende de tres factores:
-
Colaboración ciudadana.
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Medios técnicos específicos y sofisticados.
-
Especialización de los operarios.
Los
servicios que se precisan alcanzan costes considerables, razón por la
que deben planearse con mucho detalle y bajo un prisma de prestación complementaria.
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Caída de hojas. Éstas son un tipo de residuo que, aunque ligero, es muy
voluminoso y presenta una gran dificultad para ser recogido y recargado.
La caída de las hojas constituye un problema sectorial y estacional que
llega a desbordar a los equipos habituales de limpieza, especialmente
durante el otoño y parte del invierno. Su mayor o menor presencia depende
de las características climáticas de las zonas. Para controlarlo es necesario
una medida preventiva, favorecer las plantaciones de especies arbóreas
de hoja perenne sobre las de hoja caduca, y otra correctiva, acometer
su retirada en las zonas arboladas. La recogida de hojas se puede realizar
mediante dos procedimientos:
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El tradicional, que consiste en aplicar los sistemas ordinarios de
limpieza en las zonas afectadas.
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La nueva tendencia, que tiende a estructurar y poner en servicio sistemas
de refuerzo con medios técnicos y humanos específicos para dar una
solución a este tipo de ensuciamiento.
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Restos de poda de árboles alineados. La poda es una operación que se
lleva a cabo en las ciudades de forma puntual, de acuerdo con el tipo
de árbol y el clima, y que se realiza normalmente durante las estaciones
de otoño e invierno.
Hasta
ahora, estas labores se han venido haciendo de una forma un tanto rudimentaria
y con pocos medios. Una vez efectuada la poda, los operarios la dejan
bajo los árboles para su posterior recogida, que no suele ser el mismo
día. Más tarde, un equipo con un camión de caja abierta de gran volumen
carga los residuos, dejando el área sin ramas pero llena de pequeños restos
y hojas. Debido a estos restos, el ensuciamiento de la zona suele ser
importante. En grandes ciudades y en localidades con gran número de árboles,
este proceso se realiza de una forma más técnica e industrializada.
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Excrementos caninos. El cambio experimentado por el hombre desde el
medio rural al urbano ha sido seguido también por el perro. Este animal
se ha adaptado perfectamente a las condiciones de vida de las ciudades,
pero parece que la actitud del hombre hacia él no ha evolucionado en
la misma medida, pues no se hace responsable de los excrementos de perros
en los núcleos urbanos.
Entre
el 10 y el 20% de la población española tiene perros en casa. La mayoría
de excrementos caninos queda en los acerados de las ciudades y representa
del 0,04% al 0,06% de los residuos de una ciudad. El problema de los excrementos
caninos está muy mal visto por el resto de los ciudadanos, que no dejan
de ser mayoría, pues además de su desagradable presencia, llega a implicar
riesgos sanitarios. Ante este problema, más cualitativo que cuantitativo,
los propietarios de los animales mantienen normalmente una actitud pasiva.
El
coste de la recogida de excrementos de los perros es muy elevado. Frente
al coste de la recogida de 1 kg de residuos sólidos, valorada en 1996
entre 5 y 10 pesetas, o de residuos procedentes de la limpieza viaria,
entre 100 y 200 pesetas, la recogida de 1 kg de excrementos cuesta entre
500 y 1.000 pesetas.
Para
minimizar el problema, los municipios han seguido dos vías: una normativa,
que regula el comportamiento de los dueños de los perros mediante ordenanzas
municipales; y otra de tipo técnico, que abarca medidas preventivas y
correctivas.
El
municipio suele facilitar una serie de medios para que los propietarios
de los perros colaboren con la recogida de los excrementos. Los principales
sistemas son:
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Expendedores gratuitos de bolsas vacías.
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Pinza recogedora de excrementos.
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Pipicanes (natural, de arena, duro y mecánico).
- Excrementos
de caballos. Su presencia implica riesgos sanitarios, olores e incomodidades.
La solución de este problema necesita de la colaboración máxima del
cochero, pues resulta demasiado costoso emplear equipos técnicos para
su limpieza en relación a los pocos coches de caballos que hay en una
ciudad. La clave para minimizar el problema es evitar en lo posible
las deposiciones sólidas y líquidas de los caballos sobre la calzada.
La mejor solución es colocar una bolsa sustentada en el propio carruaje
que recoja la mayoría de los excrementos tanto en reposo como en marcha.
Este recipiente tiene forma de cuenco y se sitúa desde cerca de las
patas traseras del animal hasta la parte baja de la delantera del dosel
del coche. El cochero se encarga de recoger los residuos y vaciarlos
en los contenedores o receptáculos previstos para este fin en las paradas
y a lo largo del recorrido. Los cocheros deben asumir la obligatoriedad
de mantener limpias las paradas de los coches; para ello, deben ponerse
a su disposición estaciones de limpieza, que estarán siempre bajo su
responsabilidad. El banco de limpieza es una variante de las estaciones
que posee capacidad para contener los instrumentos de limpieza. Es responsabilidad
de los servicios públicos de limpieza un tratamiento a estas zonas,
que suele ser el baldeo.
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Excrementos de palomas y otras aves. Estos excrementos son de materia
orgánica de poca consistencia y ligero olor, no usual en todas las ciudades
ni en todas las zonas, que suele centrarse en grandes plazas y parques.
El problema toma una cierta entidad cuando la colonia no está controlada
y su número aumenta rápidamente. Los excrementos se localizan en dos
lugares principalmente: debajo de los árboles donde pasan la noche,
y en monumentos, fuentes y fachadas. En el primer caso, si los árboles
están situados en zonas enlosadas o asfaltadas, la retirada de los excrementos
precisa un sistema periódico de limpieza intensiva con tratamientos
de baldeo, agua a alta presión, baldeo mecanizado de acerados o tratamientos
energéticos similares. En el caso de monumentos, fuentes y fachadas,
los excrementos producen manchas y decoloraciones que deben ser tratadas
con agua a alta presión. Cuando los excrementos de aves se acumulan
en fachadas y cornisas de edificios privados, la limpieza corre a cargo
de sus propietarios.
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