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Los
residuos viarios no constituyen un problema medioambiental
grave, pero su presencia puede suponer contaminación visual
y riesgos higiénicos y sanitarios. El concepto de ciudad limpia
y el nivel de satisfacción o insatisfacción de los ciudadanos
ante un mismo grado de ensuciamiento viario está en relación
con su nivel cultural y con sus hábitos y costumbres. Aun
teniendo esto en cuenta, una ciudad limpia, en la que la producción
de residuos viarios sea discreta, presenta un crecimiento
armónico y ordenado, atrae actividad y turismo y produce satisfacción
en sus propios habitantes. Una ciudad sucia, en cambio, origina
en los mismos una actitud de rechazo y una merma de calidad
de vida que llega a influir negativamente en su rechazo.
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Calles
de Nueva Delhi. India.
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La
contaminación visual, producida por residuos viarios de granulometría
considerable, llega a agredir de forma grave la estética de
las áreas urbanas. Las consecuencias son múltiples: áreas
degradadas que son abandonadas por sus habitantes, polígonos
industriales que quedan frenados en su desarrollo, zonas urbanas
cuyos inmuebles pierden valor económico, etc. Incluso cuando
las áreas son rehabilitadas, estas recuperaciones nunca serán
duraderas si no se evita su degradación por los residuos viarios.
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Calles
de Nueva Delhi. India.
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Desde
este punto de vista, la contaminación visual es un problema
importante que afecta al desarrollo y a la calidad de vida
de los pueblos y ciudades.
La contaminación por elementos de granulometría menor, fracciones
ligeras de los residuos viarios, resulta todavía más preocupante.
Metales pesados como el plomo, el cadmio, el níquel y el mercurio,
que proceden generalmente de los gases de combustión, están
presentes en los suelos de las ciudades. Sus efectos suelen
ser acumulativos y perniciosos en los seres vivos. Derivados
del benceno, sustancias alquitranadas producidas por combustiones
incompletas e hidrocarburos aromáticos, en aumento últimamente
por su uso como antidetonantes en la gasolina sin plomo, también
se sedimentan en las áreas urbanas y propician enfermedades
pulmonares, respiratorias y dérmicas. Los insecticidas, fertilizantes,
residuos líquidos con alto contenido en sustancias orgánicas,
compuestos de azufre, especialmente el dióxido de azufre,
procedentes de la combustión de los carburantes sólidos, son
otro grupo que se asienta en la vía pública y que entraña
riesgos medioambientales que afectan a la población, a la
fauna y a la flora. Las deyecciones de los animales que transitan
por la vía pública, y en especial de los perros, son otro
foco de riesgo
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potencial.
Los virus patógenos, el tétanos, los microparásitos, aunque
no suelen manifestarse, están presentes.
La limpieza viaria se plantea con criterios de imagen pública,
pero el arranque y eliminación de las fracciones ligeras es
imprescindible. Hay que tener en cuenta la creciente vulnerabilidad
del ser humano manifestada en nuevas enfermedades, en el crecimiento
de los trastornos dérmicos y en otros desequilibrios que la
ciencia médica todavía no sabe a qué atribuir. Con seguridad,
son innumerables las causas que los provocan, y entre ellas
figuran los riesgos que se derivan de estos residuos viarios.
Entre los tratamientos de limpieza, el baldeo a alta presión
de calzadas y áreas
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Las
deyecciones de los animales son foco de riesgo higiénico.
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peatonales es una buena herramienta para asegurar el arranque
de estas pequeñas fracciones de mayor riesgo ambiental y su
posterior incorporación en el circuito de depuración de las
aguas residuales urbanas.
Redacción
Ambientum
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