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Los
hospitales son los principales productores de residuos
clínicos, pero no los únicos.
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sistemas de gestión diferenciados. En algunas ocasiones esta
diferenciación es muy problemática, sobretodo en las poblaciones
pequeñas. Ello obliga a flexibilizar algo los conceptos teóricos
y a aceptar ligeras desviaciones sobre los mismos, siempre
que no impliquen riesgos medioambientales. Lo idóneo es disponer
de sistemas diferenciados para los residuos domésticos y asimilados:
residuos viarios, sanitarios y de mercados, pero esto sólo
es posible en ciudades de cierta magnitud.
La asimilación de una cantidad discreta de residuos industriales
y comerciales, aunque teóricamente sea incorrecta, facilita
que estas entidades urbanas se desprendan de ellas y favorece
el control
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de los vertidos indeseados. Esta es la misma teoría aplicada
a los restos de jardinería, los cuales, aunque conceptualmente
sí son asimilables a los residuos sólidos urbanos, no suelen
estar amparados en las tasas municipales, siendo responsabilidad
del productor su recogida, transporte y eliminación.
Los residuos sanitarios sin peligrosidad también pueden ser
asimilados a los residuos sólidos urbanos, siendo una práctica
habitual que se definan como de recogida obligatoria por parte
del ayuntamiento para asegurar así un mejor control sobre
los mismos, ya que, teóricamente, gran parte de ellos podrían
tratarse como residuos industriales.
La composición aceptada para los residuos sólidos urbanos
debe ser un compromiso que equilibre las necesidades ciudadanas
con las obligaciones municipales y con las tasas abonadas
por los ciudadanos, ya que este servicio es de obligada realización
por los ayuntamientos, quienes asumen costos y responsabilidades.
Bajo la denominación de residuos industriales, cuya recogida
se centra en sector privado por no ser responsabilidad directa
del municipio, las ordenanzas municipales suelen englobar
los siguientes: Residuos masivos de jardinería con excepción
de los aceptados como residuos sólidos
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urbanos, residuos masivos comerciales, envases y embalajes,
salvo las cantidades aceptadas como residuos urbanos y residuos
industriales en general.
Las empresas especializadas en recogida industrial están preparadas
para poder recoger y valorizar todos estos productos de forma
diferenciada. Por ello, es conveniente que los municipios
no faciliten su integración en la recogida obligatoria de
residuos sólidos urbanos ni acepten, bajo ningún concepto,
la recogida de residuos tóxicos o peligrosos para el hombre
o para el medio ambiente. Mención especial merecen los residuos
inertes procedentes del desescombro de la demolición, que
deben gestionarse separadamente. En todos estos casos, el
ayuntamiento debe tener una función de control sobre estas
operaciones y, especialmente, sobre el tratamiento final que
se les dé.
Precisan de una máxima especialización y de sistemas de gestión
totalmente diferenciados los residuos especiales, radiactivos
y restos humanos, debido a sus importantes repercusiones medioambientales
y sanitarias.
Redacción Ambientum
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