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combustibles
líquidos y gaseosos y por la cogeneración de calor y electricidad.
Entre los ejemplos se incluyen el uso de etanol a partir de
los residuos de la caña de azúcar en Brasil, el uso de residuos
sólidos y estiércol en los digestores de biogás en India y
China, y la cogeneración con bagazo de la caña de azúcar en
Brasil, India, Tailandia y Mauricio.
Las recientes preocupaciones se han centrado en el impacto
ecológico potencial de los cultivos energéticos y de las plantaciones
forestales, como la pérdida de biodiversidad, la pérdida de
nutrientes del suelo, la erosión y la contaminación de aguas.
Es por ello que se han elaborado normas para reducir el impacto
de la biomasa en muchos países occidentales.
A pesar de todo, se acepta que el impacto ambiental provocado
por la biomasa es menor que el producido por los combustibles
fósiles, y que los cultivos energéticos pueden gestionarse
para que sean mucho menos dañinos que la agricultura intensiva.
En la actualidad, está cambiando la visión tradicional de
la biomasa como forma de energía no tradicional, antesala
de los combustibles fósiles.
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El futuro de la biomasa en el suministro mundial de energía
es incierto; mientras unos prevén que su porcentaje sea entre
el 14 y el 22% en el 2060, el Panel lntergubernamental sobre
Cambio Climático prevé del 25 al 46% para el 2100.
Aunque es probable que su uso global aumente, la energía de
la biomasa se enfrenta a dos problemas ecológicos: el gran
consumo de agua y la baja eficiencia de la fotosíntesis. Esto
limita la producción de biomasa a las regiones con lluvias
suficientes y entra en competencia con otros usos de la tierra,
como la producción de alimentos, la absorción de carbono y
la protección de hábitats.
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En
España, se prevé un incremento de los consumos de biomasa
de 6 millones de tep en el período 1999-2010. De éstos, más
de 5 millones se destinarán a la generación de electricidad,
y con poco menos de 1 millón para aplicaciones térmicas. La
electricidad producida por la biomasa procede de autogeneradores.
El Instituto para la Diversificación y Ahorro de la Energía,
IDEA, valora los recursos potenciales en 16,1 millones de
tep, disgregados de la siguiente manera:
- Cultivos
energéticos: valorados en 5,7 millones de tep para el 10%
de la superficie disponible y atendiendo a criterios de
agrupación mínima. Su potencial se divide en 4 millones
de tep de cultivos energéticos herbáceos en secano y 1,7
millones de tep de chopos en regadío cuya viabilidad económica
es más dudosa.
- Biomasa
residual: valorados en 10,4 millones de tep, divididos en
1,4 millones de tep de residuos forestales en condiciones
favorables de explotación económica, 1 millón de tep de
residuos agrícolas leñosos, tales como el olivo o el cañote
de maíz.
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