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El
uso de la biomasa como fuente de energía primaria se realiza
por medio de un proceso de combustión, ya que, si ésta no
puede usarse directamente como combustible, se busca su transformación
en sustancias que sí sean aptas para utilizar en ese tipo
de proceso.
La
combustión supone la aparición de productos contaminantes
en mayor o menor grado, dependiendo de la naturaleza de los
reactivos y de las tecnologías utilizadas, con el alto riesgo
de que dichos productos sean emitidos al medioambiente. Por
otro lado, hay que tener en cuenta que en los diferentes procesos
de transformación de la biomasa en otras sustancias combustibles,
también se producen sustancias contaminantes que se vierten
al medioambiente. Entre ellas, destacan las partículas, el
dióxido y monóxido de carbono, los compuestos de azufre, los
óxidos de nitrógeno y los residuos sólidos y líquidos.
Las partículas que se obtienen en un proceso de combustión
son las cenizas volantes. Actualmente, existen sistemas y
equipos con una tecnología totalmente desarrollada y conocida
que operan con unos rendimientos muy altos y, por lo tanto,
se consiguen retener porcentajes muy elevados del total de
partículas generadas. Se trata de filtros, ciclones y precipitadores
electrostáticos, y su alto nivel de desarrollo se debe a su
uso con otros combustibles, especialmente con el carbón, y
en la industria química.
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La madera ha sido una tradicional
fuente de energía.
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El
riesgo de la biomasa es que, en numerosas ocasiones, se realiza
un uso incontrolado como fuente de energía, ya que existen
muchos equipos de combustión de pequeño tamaño para uso doméstico
que no incorporan sistemas de retención de partículas.
A diferencia de los combustibles fósiles, el dióxido de carbono
originado en el proceso de combustión de la biomasa es devuelto
a la atmósfera, desde donde fue tomado durante su generación.
Según esto, el uso de la biomasa como combustible no hace
aumentar el contenido de dióxido de carbono de la atmósfera
y, por lo tanto, no atribuye el efecto invernadero. La realidad
es que, si el ritmo en dicho uso se hace muy alto, y es superior
al ritmo de producción de la biomasa, aumentará la cantidad
de dicho compuesto en el aire.
En el caso del monóxido de carbono, las emisiones que se producen
al quemar
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biomasa
son superiores que cuando se quema carbón, aunque influye
notablemente la tecnología utilizada. La reducción en la formación
de este compuesto se consigue cuando el equipo de combustión
funciona adecuadamente y se garantiza que ésta sea completa.
Los compuestos de azufre que se forman durante la combustión
son los óxidos de azufre, que pueden llegar a convertirse
en ácido sulfúrico, siendo una de las sustancias que contribuyen
a la lluvia ácida. También se pueden formar óxidos de azufre
en los procesos de fermentación y en la pirólisis de la biomasa.
En la digestión anaerobia de residuos animales se produce
sulfuro de hidrógeno, y también en la pirólisis de residuos
agrícolas. Pero, en general, estos compuestos no constituyen
un problema en el caso de la biomasa ya que no suele tener
azufre, o si lo tiene es en pequeñas cantidades.
Los óxidos de nitrógeno se forman por la oxidación del contenido
en la biomasa y en el aire, que se necesita en algunos de
los procesos de uso y transformación de aquélla. Parece que,
como la biomasa normalmente se quema a temperaturas inferiores
a las que lo hacen los combustibles fósiles, la formación
de óxidos de nitrógeno es inferior a la que se produce con
estos últimos. El modo de proceder a la hora de reducir las
emisiones de los mismos es reduciendo su formación, que se
consigue controlando rigurosamente el proceso de
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