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otras
sustancias que a su vez se usan como combustibles. En general,
este biocombustible no presenta unas buenas características
comparado con los combustibles fósiles, porque tiene una baja
densidad energética y una alta humedad, y no se puede almacenar
durante mucho tiempo porque se deteriora. Sin embargo, su
potencial es lo suficientemente elevado como para justificar
el estudio y desarrollo de tecnologías que permitan un uso
eficiente de la misma como fuente de energía.
Actualmente, la mayor parte de la biomasa vegetal se utiliza
como alimento para el hombre y los animales, o como materia
prima en la fabricación y obtención de diversas sustancias
industriales. Con todas las aplicaciones asociadas a estos
usos, no es posible aprovechar el 100% de la biomasa vegetal,
y se genera una gran cantidad de productos orgánicos, considerados
como sustancias desechables o residuos. A estas sustancias
orgánicas, procedentes del uso, transformación y consumo de
la biomasa vegetal o primaria, y que tienen un contenido energético
importante, se las denomina biomasa residual.
Del conjunto total de la biomasa residual se puede diferenciar
aquella que se origina en el proceso de alimentación del hombre
y de los animales, que se denomina biomasa animal o secundaria.
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El aprovechamiento de la biomasa residual puede ser directo,
por medio de un proceso de combustión, o indirecto, sometiéndola
a algún tratamiento o proceso de transformación que permita
obtener sustancias más aptas para combustibles. En los últimos
años se ha recurrido al cultivo de plantas con un alto valor
energético con el único objetivo de
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ser
empleadas como fuente de energía. A esta biomasa se la denomina
cultivo energético y aunque ésta no resulte competitiva como
fuente de energía primaria, las expectativas que ofrecen son
muy interesantes por el gran potencial que suponen.
Por último, además de la biomasa residual y de los cultivos
energéticos, se
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