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Para
conseguir energía eléctrica a partir de calor existe la posibilidad
de utilizar procesos directos de conversión. Uno de estos
procesos directos de conversión utiliza el efecto termoeléctrico
asociado al calentamiento de la unión de dos materiales conductores
diferentes, que pueden ser metales o semiconductores.
Para aplicaciones que requieren entre 80 y 120ºC, existen
los colectores de vacío que suelen emplear una superficie
de captación formada por una serie de tubos con aletas, recubiertos
de una superficie selectiva y circulando el fluido caloportador
en su interior.
Para alcanzar mayores temperaturas, resulta imprescindible
concretar la radiación solar mediante procedimientos ópticos
con dispositivos de lentes. Sin embargo, estos procedimientos
son muy costosos y únicamente se han utilizado para la investigación
de procesos de conversión fotovoltaica.
En la actualidad, los procedimientos más desarrollados en
las instalaciones de media temperatura son los de reflexión
mediante espejos. Para este rango de temperaturas, corresponden
a los concentradores lineales con superficie reflexiva cilindroparabólica.
Los
colectores cilindroparabólicos constan de un espejo cilindro-parabólico
que refleja toda la radiación solar
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recibida sobre un tubo de vidrio dispuesto a lo largo de la
línea focal del espejo y en cuyo interior se encuentra la
superficie absorbente en contacto con el fluido caloportador.
Esta disposición del absorbedor y del fluido caloportador
pretende reducir las pérdidas por convicción.
El fluido se calienta hasta 390ºC aproximadamente y se bombea
a través de una serie de intercambiadores de calor para producir
vapor sobrecalentado que alimenta una turbina convencional
que genera electricidad.
El problema de esta tecnología es la durabilidad de los espejos.
El vidrio con bajo contenido en hierro es la opción más usada
y de los metales especulares, los más adecuados son el aluminio
y el acero inoxidable. La opción más utilizada es el aluminio
pro su ligereza y precio, pero para asegurar un rendimiento
adecuado, debe ser de una gran pureza.
Las aplicaciones más habituales en las instalaciones de media
temperatura son la producción de vapor para procesos industriales
y la generación de energía eléctrica. Otras aplicaciones son
la desalinización y la refrigeración mediante energía solar.
Las perspectivas de coste de esta tecnología son mayores que
las de las centrales de torre o las paraboloidales
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Helióstato.
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debido
a la baja concentración solar y, en consecuencia, a las bajas
temperaturas y eficiencia. No obstante, con la experiencia
existente en la operación de estas plantas, las continuas
mejoras tecnológicas y las reducciones de coste en operación
y mantenimiento, esta tecnología resulta la menos costosa,
y la más fiable también para operaciones a corto plazo.
Para
conseguir temperaturas superiores, fundamentalmente para la
producción de energía eléctrica, es preciso recurrir a tecnologías
de alta temperatura. En estos casos se necesita una mayor
concentración de radiación solar y, por tanto, realizar el
seguimiento en dos ejes
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