Borrascas, tornados y huracanes - Continuación Volver al índice
Estas depresiones pueden llegar a alcanzar gran tamaño, entre los 150 a 500 kilómetros de diámetro, mientras que la presión atmosférica en su seno puede bajar de los 950 milibares.

Esquemáticamente, el huracán está constituido por cumulonimbos que se disponen formando anillos concéntricos, los cuales ascienden dentro de una espesa capa de nubes estratiformes. En las zonas altas, las nubes predominantes son los cirros, formados en exclusividad por cristales de hielo.

Uno de los elementos característicos de los huracanes es el denominado ojo del ciclón u ojo del huracán. Su formación se debe a la alta velocidad de giro, en espiral, de los vientos dentro de la borrasca, dentro del cual el aire desciende desde elevadas alturas, calentándose adiabáticamente. El paso del ojo del huracán por una zona puede durar aproximadamente media hora, tiempo durante el cual el aire está en calma. Una vez que pasa, la tormenta continúa con la misma fuerza, con los vientos soplando en otra dirección.

Los ciclones tropicales se forman entre los 5º y los 8º de latitud norte y sur, nunca sobre el Ecuador. La formación de estos se restringe a seis zonas principales:
1. Indias Occidentales, Golfo de México y Mar Caribe.
2. Costa occidental del Pacífico Norte, incluyendo a los archipiélagos de Filipinas y Japón, y el Mar de China.
3. Costa oriental del Pacífico Norte, cercana a México y América Central.

4. Mar Arábigo y Golfo de Bengala.
5. Sur del Océano Índico, en las proximidades de Madagascar.
6. Costa occidental del Pacífico Sur, islas Fidji, Samoa y costa oriental de Australia.

Como se puede apreciar en la anterior relación de zonas de huracanes, son desconocidos en el Atlántico Sur. Siempre se originan sobre el mar, nunca sobre la tierra, aunque llegan a adentrarse en ella centenares de kilómetros.
Tras unos días de máxima actividad, el ciclón tropical pierde intensidad gradualmente y se convierte en una tormenta tropical.

Los efectos de los huracanes pueden llegar a ser catastróficos. Un ejemplo de estos efectos lo encontramos en el tristemente famoso huracán Mitch, que recorrió gran parte de América Central a finales de octubre de 1998. Su vida fue de 305 horas desde su formación hasta que se convirtió en tormenta tropical. Recorrió 4.990 kilómetros a una velocidad media de 15 Km./h.y una velocidad de vientos máxima de 285 Km./h. A su

Huracán Mitch desde el satélite GOES-8, el 26 de octubre de 1998 a las 17:58.

paso, dejó intensas precipitaciones, con un máximo de 341 mm. en 24 horas, que provocaron inundaciones, desbordamientos de ríos y corrimientos de terrenos. Los daños económicos fueron cuantiosos; pérdidas de cultivos y de ganado, destrucción de carreteras, tendido eléctrico, conducciones de agua, industrias, residencias, etc.

Redación Ambientum

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