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Los ríos son un claro ejemplo de aguas superficiales. Se definen
como la corriente natural de agua que fluye por un lecho,
desde un lugar elevado a otro más bajo. La gran mayoría de
los ríos desaguan en el mar o en un lago, aunque algunos desaparecen
debido a que sus aguas se filtran en la tierra o se evaporan
en la atmósfera.
Se constituyen como una importante fuente de suministro de
agua tanto para usos agrícolas como domésticos. Pero, en los
últimos años, los ríos, se han visto afectados por los efectos
negativos de la contaminación.
La cantidad de agua que circula por un río, caudal, varía
en el tiempo y en el espacio. Estas variaciones definen el
régimen hidrológico de un río. Las variaciones temporales
se dan durante o justo después de las tormentas La escorrentía
que produce la arroyada incrementa el caudal. En casos extremos
se puede producir la crecida cuando el aporte de agua es mayor
que la capacidad del río para evacuarla, desbordándose y cubriendo
las zonas llanas próximas o llanura de inundación.
El agua que circula bajo tierra, como la de la arroyada en
surcos o el agua subterránea, tarda mucho más en alimentar
el caudal del río y puede llegar a él días, semanas o meses
después de la lluvia que generó la escorrentía. Aparte, el
caudal de un río aportado por las aguas subterráneas recibe
el nombre de caudal basal, que fluctúa en función de la altura
del nivel freático.
Si no llueve en absoluto o la media de las precipitaciones
es inferior a lo normal
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Los
ecosistemas fluviales son básicos para nuestra
existencia.
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durante largos periodos de tiempo, el río puede llegar a secarse
cuando el aporte de agua de lluvia acumulada en el suelo y
el subsuelo reduzca el caudal basal a cero. Esto puede tener
consecuencias desastrosas para la vida del río y sus riberas
y para la gente que dependa de éste para su suministro de
agua.
La variación espacial se da porque el caudal del río aumenta
aguas abajo, a medida que se van recogiendo las aguas de la
cuenca de drenaje y los aportes de las cuencas de otros ríos
que se unen a él como tributarios. Debido a esto, el río suele
ser pequeño en las montañas, cerca de su nacimiento, y mucho
mayor en las tierras bajas, próximas a su desembocadura. La
excepción son los desiertos, en los que la cantidad de agua
que se pierde por la filtración o evaporación en la atmósfera
supera la cantidad que aportan las corrientes superficiales.
Por ejemplo, el caudal del Nilo, que es el río más largo del
mundo, disminuye notablemente cuando desciende desde las montañas
del Sudán y Etiopía a través del desierto de Nubia y de Sahara
hasta el mar Mediterráneo.
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La
cantidad, variaciones y regularidad de las aguas de un río
son de enorme importancia para las plantas, animales y personas
que viven a lo largo de su curso. Los ríos y sus llanuras
de inundación sostienen diversos y valiosos ecosistemas, no
sólo por la capacidad del agua dulce para permitir la vida
sino también por las abundantes plantas e insectos que mantiene
y que forman la base de las cadenas tróficas. En el cauce
de los ríos, los peces se alimentan de plantas y los insectos
son alimento de aves, anfibios, reptiles y mamíferos. Fuera
del cauce, los humedales producidos por filtración de agua
e inundación albergan entornos ricos y variados, no sólo importantes
para las especies autóctonas, sino también para las aves migratorias
y los animales que utilizan los humedales como lugar de paso
en sus migraciones estacionales. Los ecosistemas de los ríos,
tambien llamados ecosistemas fluviales, pueden ser considerados
como un grupo perteneciente a los más importantes de la naturaleza
y su existencia depende totalmente del régimen de los mismos.
Por lo tanto, se debe tener gran cuidado para no alterar este
régimen al actuar sobre el río y su cuenca, ya que una gestión
poco responsable de los recursos del agua o su sobreexplotación
pueden tener efectos desastrosos para el ecosistema de ribera.
El uso de los ríos Y el conflicto entre la naturaleza y la
explotación de los recursos fluviales no es algo nuevo. Los
ríos y sus llanuras de inundación, estuarios y deltas han
jugado un papel central en la historia, ya que han influido
en la agricultura, el transporte, la industria, el vertido
de desechos y los
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