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La
reacción de la comunidad internacional fue rápida
y la mayoría de los países del mundo se comprometieron
a acabar con la producción de CFC y otros gases agresivos
con el ozono. Los países industrializados primero
y el resto después han conseguido reducir en un 80%
esta producción entre 1988 y 1996, con la esperanza
de que desaparezca en 2010. Los efectos beneficiosos
no serán inmediatos, pero sí se tiene idea de lo que
se evitará: 19 millones de casos de cáncer de piel,
150 millones de casos de cataratas y 70 billones de
pesetas en pérdidas en la pesca y la agricultura de
aquí al año 2060. Y, a más largo plazo, la posible
desaparición de la vida en el planeta.
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Lo
esperanzador de esta historia es que, por primera
vez, un tratado internacional sobre el medio ambiente
haya provocado una respuesta inmediata de los políticos
y las industrias. ¿Por qué no ocurre lo mismo con
la protección de los bosques, la reducción de la contaminación
o el problema del calentamiento global? Este es el
motivo de que los días de concienciación sobre los
problemas de la Tierra, como este, tengan su importancia:
Para avanzar en esta tarea siendo consumidores responsables,
exigiendo compromisos a los Gobiernos, reciclando
y reduciendo nuestras emisiones de productos contaminantes. |