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El proyecto ECOSAFIMED logra impulsar en el sector pesquero prácticas responsables y sostenibles

España

Mar Mediterráneo


REDACCIÓN


redaccion@ambientum.com


Después de dos años de estudios científicos, en estrecha colaboración con pescadores, el principal resultado de ECOSAFIMED es la elaboración de unas directrices para la flota artesanal de cara a mejorar la conservación de las comunidades bentónicas en el Mediterráneo

Los estudios desarrollados en el marco del proyecto también han permitido identificar áreas de alto valor ecológico que en un futuro puedan ser objeto de una gestión específica que promueva su protección especial.

El proyecto Conservación de los ecosistemas y la pesca artesanal sostenible en la cuenca mediterránea (ECOSAFIMED)” llevado a cabo en España, Italia y Túnez ha tenido como finalidad la conservación de la biodiversidad marina en la cuenca Mediterránea y el fomento de prácticas pesqueras artesanales que compatibilicen la protección de la fauna marina. Con este fin, se ha realizado una evaluación del estado de las comunidades bentónicas en diferentes lugares del Mediterráneo, a la vez que se ha estudiado el impacto de algunos métiers de pesca sobre la fauna bentónica, todo ello en colaboración con pescadores, así como con diferentes organizaciones nacionales e internacionales. El Ministerio de Agricultura, Alimentación y Medio Ambiente, a través de la Fundación Biodiversidad, ha sido el coordinador de esta iniciativa, que ha contado con otros socios como el Consejo Superior de Investigaciones Científicas –Instituto de Ciencias del Mar (España), la Universidad de Génova (Italia) y el Instituto Nacional de Ciencias y Tecnologías Marinas – INSTM (Túnez).

La colaboración entre todas estas entidades ha sido fundamental para el intercambio de conocimiento en investigación marina, tanto en metodologías como en la utilización de tecnologías innovadoras, uno de los resultados más significativos del proyecto. Gracias al proyecto ECOSAFIMED se ha elaborado una propuesta de buenas prácticas para la flota artesanal de cara a mejorar la conservación de las comunidades bentónicas en el Mediterráneo. Los socios han acordado una serie de recomendaciones para toda la cuenca, basadas en los resultados obtenidos en diferentes áreas de estudio: Cap de Creus, Canal de Menorca (España), archipiélago de la Galite, banco de Esquerquis (Túnez), Golfo de Patti y Archipiélago de Ponza (Italia).

Estas propuestas han sido consensuadas con los pescadores artesanales que han participado en el proyecto con la intención de firmar acuerdos voluntarios por los que se comprometan a adoptar estas buenas prácticas de forma voluntaria y a largo plazo.

ECOSISTEMAS VALIOSOS

Devolver al agua los descartes de invertebrados bentónicos y especies formadoras de hábitat en un tiempo inferior a 30 minutos y en el mismo lugar donde se ha realizado la captura, así como evitar dañarlas en la medida de lo posible, ha sido una de las recomendaciones resultantes del proyecto. Estudios científicos han demostrado que la supervivencia de las capturas accidentales de las especies bentónicas aumenta si son devueltas lo antes posible al mar, reduciendo así la exposición al aire y a los cambios de temperatura. Entre las buenas prácticas también se recomienda evitar la pesca en áreas donde se han detectado comunidades frágiles, promover zonas de restricción pesquera donde se han encontrado ecosistemas valiosos y sensibles, o el uso de aparejos más selectivos y material de redes más eficiente, ya que existen experimentos que demuestran que el tipo de aparejo utilizado juega un papel muy importante en la magnitud del impacto que ocasiona sobre el fondo marino.

Promover el mantenimiento periódico de las redes de pesca, reducir el impacto disminuyendo el número de operaciones de pesca en una misma localización durante una misma temporada, o disminuir la longitud de los artes de pesca, son también medidas que reducen el impacto que tiene la pesca artesanal sobre las comunidades bentónicas. Por último, promover la integración del conocimiento adquirido por los pescadores en estudios científicos y en actividades de seguimiento, es otra de las recomendaciones que ha permitido obtener esta iniciativa. La larga experiencia acumulada por los pescadores durante años de trabajo tiene que ser considerada una fuente de información fundamental.

Los datos sobre capturas extraordinarias, la aparición de especies poco comunes o la localización de extensas poblaciones de especies estructurales o detalles inusuales pueden ser de gran ayuda para mejorar el conocimiento que se tiene del fondo marino por parte de la comunidad científica, permitiendo la identificación de lugares con un alto valor ecológico que puedan ser considerados como áreas de protección especial. Finalmente, otra de las recomendaciones derivadas del proyecto ha sido la elaboración de vídeos que permitan, de manera sencilla y directa, concienciar sobre el fomento de buenas prácticas de pesca. A lo largo de este proyecto se ha confirmado que mostrar vídeos que expongan de forma clara la base científica de ciertas afirmaciones, tales como la existencia de artes de pesca perdidos, la supervivencia de especies descartadas o el estado de los organismos una vez devueltos al mar, consiguen una mayor atención del público y una recepción más positiva que cualquier tipo de informe técnico o gráfico. Los vídeos deberían considerarse como una herramienta de comunicación prioritaria y como un elemento clave a la hora de proponer recomendaciones a los pescadores.

Los estudios desarrollados en el marco del proyecto también han permitido identificar áreas de alto valor ecológico que en un futuro puedan ser objeto de una gestión específica que promueva su protección especial.

EL PROYECTO ECOSAFIMED Y EL PROGRAMA ENPI CBCMED

Con una dotación de 1,9 millones de euros, el proyecto ECOSAFIMED promueve prácticas de pesca responsables y la comunicación entre la investigación y el sector pesquero artesanal con el fin de contribuir a la conservación de los ecosistemas marinos. ECOSAFIMED es uno de los 39 proyectos que resultaron beneficiarios de los 1.095 presentados a la segunda convocatoria del Programa ENPI CBC MED 2007-2013. El programa europeo ENPI Cuenca Mediterránea es una iniciativa de cooperación transfronteriza que forma parte del instrumento de la Política Europea de Vecindad y Asociación (IEPV-ENPI). El objetivo del programa es promover la cooperación entre las 3 regiones de ambas riberas del Mediterráneo para afrontar los desafíos comunes y valorizar sus potencialidades endógenas.

Un total de 14 países son beneficiarios del programa, que representan 76 territorios y cerca de 110 millones de habitantes: Chipre, Egipto, Francia, Grecia, Israel, Italia, Jordania, Líbano, Malta, Autoridad Palestina, Portugal, España, Siria y Túnez. El programa cuenta con un presupuesto de 200 millones, procedentes del Instrumento de la Política Europea de Vecindad y Asociación y la aportación a cada proyecto asciende a un máximo del 90% del coste total. Los proyectos financiados versan sobre diversas temáticas relacionadas con la promoción del desarrollo socioeconómico y territorial, mediante el apoyo a la innovación, y la investigación; el desarrollo sostenible y la eficiencia energética en toda la cuenca mediterránea; la mejora de las condiciones y modalidades de circulación de personas, bienes y capitales o la promoción del diálogo entre culturas y gobernanza.

La información del proyecto ECOSAFIMED y del Programa ENPI CBC MED se puede consultar en las páginas web de ENPI CBC MED y de la Oficina de Desarrollo y Cooperación EuropeAid. Esta publicación ha sido producida con el apoyo financiero de la Unión Europea en el marco del Programa ENPI CBC Cuenca Mediterránea. Los contenidos de este documento son responsabilidad única de la Fundación Biodiversidad y no pueden contemplarse bajo ninguna circunstancia el reflejo de la posición de la Unión Europea o de las estructuras de gestión del Programa. Para más información: www.ecosafimed.eu │ ecosafimed@fundacion-biodiversidad.es


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ECOSAFIMED, Proyecto, Pesca, sostenible, Mediterráneo,

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muralla de agua alcanzó la impresionante altura de 19 metros (más alta que un edificio de seis pisos, e incluso más alta que cuatro autobuses de dos pisos, apilados uno encima de otro).

La ola fue registrada por una boya automatizada en el Atlántico Norte entre Islandia y el Reino Unido en febrero de 2013, confirmando los científicos finalmente su tamaño. Nunca antes se había medido una ola de tal calibre. "Es la altura de ola significativa más alta medida por una boya", según la OMM.

Este fenómeno se debió a un frente frío muy fuerte, que produjo vientos de hasta 43.8 nudos (81.1 km / h) en la zona. Esas condiciones meteorológicas hicieron que la ola de 2013 superara al récord anterior de diciembre de 2007, medido en 18,275 metros, también ocurrido en el Atlántico Norte.

Lo cierto es que estas monstruosas olas son bastante frecuentes en el Atlántico Norte debido a los patrones de circulación del viento y la presión atmosférica en el invierno del hemisferio norte, que pueden producir intensas tormentas tropicales a veces descritas como "bombas meteorológicas". Estas bombas tienden a ir hacia los tramos superiores del Atlántico Norte, extendiéndose desde el este de la costa canadiense hasta las aguas al sur de Islandia, y bordear por la costa oeste del Reino Unido. Dado que esta parte del Atlántico acoge varias rutas marítimas comerciales, las mediciones de las boyas siguen siendo cruciales para el seguimiento de la actividad de las olas.

Aunque existen mediciones tomadas desde barcos, estas no proporcionan la misma exactitud y precisión que los datos basados en boyas. Así, en cuanto a las olas reconocidas por la OMM, los registros se pueden ver en el Archivo Mundial de Clima y Clima Mundial de la OMM que detalla todo tipo de valores atípicos meteorológicos en temperaturas, lluvias, granizo o relámpagos. Es el Guinness World Records de las olas.

La ola de 19 metros fue registrada aquí.


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<h2>¿Cuál es la ola más gigantesca que se conoce?</h2><p>Data de 2013 y según la Organización Meteorológica Mundial (OMM) la imponente <a href=muralla de agua alcanzó la impresionante altura de 19 metros (más alta que un edificio de seis pisos, e incluso más alta que cuatro autobuses de dos pisos, apilados uno encima de otro).

La ola fue registrada por una boya automatizada en el Atlántico Norte entre Islandia y el Reino Unido en febrero de 2013, confirmando los científicos finalmente su tamaño. Nunca antes se había medido una ola de tal calibre. "Es la altura de ola significativa más alta medida por una boya", según la OMM.

Este fenómeno se debió a un frente frío muy fuerte, que produjo vientos de hasta 43.8 nudos (81.1 km / h) en la zona. Esas condiciones meteorológicas hicieron que la ola de 2013 superara al récord anterior de diciembre de 2007, medido en 18,275 metros, también ocurrido en el Atlántico Norte.

Lo cierto es que estas monstruosas olas son bastante frecuentes en el Atlántico Norte debido a los patrones de circulación del viento y la presión atmosférica en el invierno del hemisferio norte, que pueden producir intensas tormentas tropicales a veces descritas como "bombas meteorológicas". Estas bombas tienden a ir hacia los tramos superiores del Atlántico Norte, extendiéndose desde el este de la costa canadiense hasta las aguas al sur de Islandia, y bordear por la costa oeste del Reino Unido. Dado que esta parte del Atlántico acoge varias rutas marítimas comerciales, las mediciones de las boyas siguen siendo cruciales para el seguimiento de la actividad de las olas.

Aunque existen mediciones tomadas desde barcos, estas no proporcionan la misma exactitud y precisión que los datos basados en boyas. Así, en cuanto a las olas reconocidas por la OMM, los registros se pueden ver en el Archivo Mundial de Clima y Clima Mundial de la OMM que detalla todo tipo de valores atípicos meteorológicos en temperaturas, lluvias, granizo o relámpagos. Es el Guinness World Records de las olas.

La ola de 19 metros fue registrada aquí.


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<h2>Trump quiere conquistar Marte</h2><p>A Donald Trump y a sus aliados les gusta repetir la coletilla de ‘promesa cumplida’ cuando dan pasos para implementar sus compromisos con los electores. En el capítulo de la conquista del espacio, el presidente de EE.UU. lo va a tener complicado para conseguir lo que se propuso. En una teleconferencia con astronautas estadounidenses en la Estación Espacial Internacional (EEI), habló de <strong>poner a un astronauta en Marte</strong> <em><strong>"durante mi primer mandato o, como tarde, durante mi segundo mandato"</strong></em>.</p><p>Los planes de la Agencia Aeroespacial de EE.UU. (NASA) son mucho más pesimistas. Según la ley sobre financiación de las operaciones espaciales de EE.UU., que el propio Trump firmó el mes pasado, la NASA prevé llegar al planeta rojo en algún momento de la década de 2030. A Trump, que ayer parecía hablar en cierto tono de broma, el plazo se le queda corto: <em><strong>"Vamos a tener que acelerar un poco eso, ¿de acuerdo?"</strong></em>, le espetó a la astronauta Peggy Whitson, quien recordó que una aventura espacial de ese calibre "requiere mucho tiempo y dinero" y que necesitará de "cierta cooperación internacional".</p><p><strong>Si los planes de Trump fueron ciertos, eso supondría que un estadounidense aterrizaría en Marte</strong> <strong>antes de enero de 2021</strong> -cuando cumple su primer mandato- <strong>o, en el peor de los casos,</strong> <strong>antes de enero de 2025</strong> -cuando finalizaría su segundo y último mandato-. Incluso en la segunda hipótesis, el esfuerzo tecnológico y financiero para conseguirlo sería hercúleo.</p><p>E<strong>n el sector privado hay quienes lo ven como algo posible</strong>. Dos emprendedores de mucho peso -el fundador de Tesla, Elon Musk, y el de Amazon, Jeff Bezos- han dado pasos importantes en el desarrollo de un sector espacial comercial, que está camino de convertir los paseos suborbitales en algo accesible. Musk espera que su compañía, SpaceX, lidere la primera misión humana a Marte en el año 2024. Quizá se refería ayer a ellos Trump cuando dijo que tenía “muchos amigos” dedicados al negocio aeroespacial. <em>"¿Hay alguien listo para ir a Marte ahí arriba?"</em>, espetó el presidente a sus interlocutores en el espacio, que respondían con sonrisas.</p><p>Pero la llegada al planeta rojo no era el motivo original de la teleconferencia, organizada para celebrar que Whitson se acaba de convertir en <strong>la astronauta estadounidense con mayor tiempo acumulado en el espacio</strong>. Whitson está ahora en su tercera misión de larga duración en la EEI, donde ha completado un total de 534 días (todavía está muy lejos de los récords de cosmonautas rusos, liderados por Gennady Padalka, que cumplió 879 días en el espacio).</p><p>La conversación entre Whitson y el presidente fue retransmitida en cientos de colegios de todo EE.UU. como una forma para animar a las alumnas a optar por carreras de ciencia y tecnología. Whitson, acompañada por otro astronauta, Jack Fischer, mostró al presidente la complejidad del equipamiento en la EEI y las diferencias con la vida en la Tierra. Le contó por ejemplo, cómo <strong>bebían agua filtrada de su propia orina</strong>. "Eso mejor para ti", replicó Trump, que sufre una reconocida fobia a los gérmenes y las bacterias.</p><div><br /></div>
Waste Atlas. Esta herramienta muestra en un mapa interactivo los datos mundiales de gestión de residuos sólidos para comparar y evaluar el impacto de cada país en el medio ambiente.

Esta iniciativa sin ánimo de lucro fue impulsada gracias al apoyo de importantes organizaciones como D-Waste, ISWA, WtERT, SWEEP-Net, SWAPI y University of Leeds. Hasta el momento, este proyecto alberga datos de un total de 164 países, más de 1.800 ciudades de todo el mundo y alrededor de 2.500 instalaciones de gestión de residuos (entre los que se encuentran vertederos sanitarios, mecánicos, biológicos y de residuos energéticos).

Los datos son abrumadores y alarmantes. La herramienta estima que la generación anual de residuos se eleva a unas 1.900 millones de toneladas. De los residuos sólidos producidos, un 70% se lleva a vertederos, sólo el 19% se recicla o se recupera y el 11% se lleva a instalaciones de recuperación de energía.

Los mapas generados por esta herramienta demuestran, además, que el número de personas que no tiene acceso a los servicios más elementales de recogida de residuos ronda los 3.500 millones. De no tomarse medidas concretas y destinar recursos para paliar esta situación, todo podría empeorar de forma muy alarmante: se estima que en 2050, el número de personas que no tendría acceso a los servicios de gestión de residuos se elevaría a los 5.300 millones.

El país que más desechos genera por persona es Bahrein. Cada ciudadano genera 906 kilos de residuos sólidos cada año, por delante de los 813 kilos de los habitantes de Comoras y los 777 kilos que producen los canadienses. A este nivel, los españoles producimos, según el Watse Atlas, 449 kilos de residuos cada año. Visto a la inversa, los kenianos son los ciudadanos que menos residuos generan (109.5 kilos por persona y año), por delante de Etiopía (109.8) y Nepal (115.7).



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<h2>¿Cuál es el país que más basura genera?</h2><p>Casi 9,5 billones de kilos de desperdicios en cinco años, y cerca del 30% de ella permanecerá sin recoger. Cabe recordar algunos tiempos de descomposición de un tetrabrik es de 30 años; el de una bolsa de plástico, de mínimo 150 años; el de las pilas, de 1.000; y el del vidrio, de 4.000. <strong>Existe un lugar donde poder tener una visión global de qué y cuánta basura se genera en cada país</strong>, <a href=Waste Atlas. Esta herramienta muestra en un mapa interactivo los datos mundiales de gestión de residuos sólidos para comparar y evaluar el impacto de cada país en el medio ambiente.

Esta iniciativa sin ánimo de lucro fue impulsada gracias al apoyo de importantes organizaciones como D-Waste, ISWA, WtERT, SWEEP-Net, SWAPI y University of Leeds. Hasta el momento, este proyecto alberga datos de un total de 164 países, más de 1.800 ciudades de todo el mundo y alrededor de 2.500 instalaciones de gestión de residuos (entre los que se encuentran vertederos sanitarios, mecánicos, biológicos y de residuos energéticos).

Los datos son abrumadores y alarmantes. La herramienta estima que la generación anual de residuos se eleva a unas 1.900 millones de toneladas. De los residuos sólidos producidos, un 70% se lleva a vertederos, sólo el 19% se recicla o se recupera y el 11% se lleva a instalaciones de recuperación de energía.

Los mapas generados por esta herramienta demuestran, además, que el número de personas que no tiene acceso a los servicios más elementales de recogida de residuos ronda los 3.500 millones. De no tomarse medidas concretas y destinar recursos para paliar esta situación, todo podría empeorar de forma muy alarmante: se estima que en 2050, el número de personas que no tendría acceso a los servicios de gestión de residuos se elevaría a los 5.300 millones.

El país que más desechos genera por persona es Bahrein. Cada ciudadano genera 906 kilos de residuos sólidos cada año, por delante de los 813 kilos de los habitantes de Comoras y los 777 kilos que producen los canadienses. A este nivel, los españoles producimos, según el Watse Atlas, 449 kilos de residuos cada año. Visto a la inversa, los kenianos son los ciudadanos que menos residuos generan (109.5 kilos por persona y año), por delante de Etiopía (109.8) y Nepal (115.7).



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<h2>La diversidad de plantas es clave para el buen funcionamiento de los ecosistemas</h2><p><strong>La actual disminución de la biodiversidad a escala global ha fomentado el avance de la investigación sobre la relación entre la biodiversidad y el funcionamiento de los ecosistemas</strong>. Los autores del estudio publicado recientemente en la revista <em>Nature Ecology and Evolution</em>, han relacionado la diversidad vegetal de zonas áridas repartidas por los cinco continentes con varias funciones de los ecosistemas que tienen que ver con la productividad vegetal o la capacidad del suelo para procesar nutrientes, y que a su vez están íntimamente relacionadas con servicios ecosistémicos clave como la fertilidad del suelo, la producción de alimentos, la regulación del clima o el control de la erosión.</p><p><em><strong>"Es la primera que un estudio relaciona la diversidad de rasgos funcionales de las plantas y el funcionamiento del ecosistema en ecosistemas terrestres a escala global”</strong></em>, afirma <strong>Fernando T. Maestre</strong>, profesor de Ecología de la Universidad Rey Juan Carlos e investigador principal de BIOCOM, proyecto financiado por el Consejo Europeo de Investigación bajo el cual se ha realizado este estudio.</p><p>Históricamente la comunidad científica ha estudiado el efecto del número de especies en el funcionamiento de los ecosistemas: el número de especies de plantas, su abundancia y la diversidad de sus características morfológicas y fisiológicas (rasgos funcionales de las plantas).</p><p><em>"En nuestro estudio hemos examinado también la d<strong>iversidad de rasgos funcionales de las plantas</strong>, por ejemplo, l<strong>a distribución de alturas de las plantas o la distribución de las características estructurales de las hojas de las plantas</strong>. Dichos rasgos están involucrados directamente en la capacidad de las plantas para adquirir, retener y reciclar recursos como el agua y los nutrientes"</em>, explica <strong>Yoann Pinguet</strong>, investigador Marie Curie de la Universidad Rey Juan Carlos (URJC).</p><p>Las conclusiones del estudio son sorprendentes: <em><strong>"La diversidad vegetal no es consecuencia del azar en la naturaleza, si no que se organiza de una manera precisa y sistemática"</strong></em>, explica Pinguet. <em>"En la amplia gama de ecosistemas estudiados, la diversidad de rasgos funcionales siempre es más importante para el funcionamiento de los que ecosistemas que lo que se esperaría por azar, y de alguna manera se maximiza"</em>, destaca el investigador de la URJC. El estudio muestra que está diversidad vegetal está intrínsecamente conectada a la maximización del funcionamiento de los ecosistemas.</p><p><em>"<strong>Estos resultados nos sorprendieron porque comparamos ecosistemas con especies muy diferentes y con historias geológicas y climáticas muy contrastadas, como los desiertos esteparios de China y América del Sur, la vegetación mediterránea o los bosques australianos</strong>. El hecho de que se detecten vínculos entre la biodiversidad y los ecosistemas a una escala espacial tan grande implica que hay reglas generales que organizan los ecosistemas terrestres y determinan su funcionamiento"</em>, explica <strong>Nicolas Gross</strong>, autor principal del estudio e investigador del INRA en el Centre d’Etude Biologique de Chizé (CNRS), que actualmente se encuentra realizando una estancia de investigación en la URJC gracias al programa Agreenskills+.</p><div><br /></div>
temperatura en las ciudades es mayor que en el entorno rural, especialmente durante la noche, el conocido como "efecto de isla de calor", este estudio cuantifica por primera vez hasta qué punto la ciudades sufrirán más que el campo los efectos del calentamiento global.

El investigador belga aseguró que hay estudios sobre cómo las olas de calor aumentan los ingresos hospitalarios, disminuyen la productividad, elevan los daños a las infraestructuras y, en casos extremos, disparan incluso la mortalidad, como ocurrió en París en el verano de 2003. Este estudio ha analizado cómo interactúa este efecto con las olas de altas temperaturas derivadas del cambio climático.

Los investigadores han utilizado mediciones de temperaturas de los últimos 35 años en Bélgica, comparado la frecuencia y la intensidad con las que se han excedido los límites de alerta de temperatura, a partir de los cuales se espera efectos como, por ejemplo, afecciones a la salud. Ese periodo, las olas de calor fueron mucho más intensas en las ciudades que en el campo, un fenómeno que se espera se agrave en el futuro.

Usando simulaciones y modelos generados con supercomputadoras, las primeras estimaciones prevén que para el periodo 2041-2075 el impacto del calor en las ciudades se multiplicará por cuatro. Esas olas de calor, medidas tanto en su frecuencia como en su duración e intensidad, serán el doble de graves en las ciudades que en el entorno rural.

Según explicó Wouters, esas previsiones corresponden a un escenario medio y reconoce que hay muchos factores que pueden afectar los cálculos, desde cuántos gases de efecto invernadero sigan vertiéndose a la atmósfera o cuán grande sea el crecimiento de las ciudades. Así, el peor escenario posible es el de olas de calor que excederían en hasta 10 grados centígrados los niveles de alerta y se prolongarían durante 25 días en el verano.







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<h2>El calentamiento global afecta el doble a las zonas urbanas que al campo</h2><p>Esa es la principal conclusión de un estudio de la Universidad de Lovaina (Bélgica) cuyos primeros resultados fueron presentados este lunes durante la asamblea que la Unión Europea de Geociencias celebra en Viena. <em><strong>"El efecto negativo del cambio climático, en lo que a la temperatura se refiere, será el doble en las ciudades que en el campo"</strong></em>, resume para Efe <strong>Hendrik Wouters</strong>, uno de los autores de un informe que está aún en fase de revisión y que se presentará en verano.</p><p>Aunque es ya conocido que la <a href=temperatura en las ciudades es mayor que en el entorno rural, especialmente durante la noche, el conocido como "efecto de isla de calor", este estudio cuantifica por primera vez hasta qué punto la ciudades sufrirán más que el campo los efectos del calentamiento global.

El investigador belga aseguró que hay estudios sobre cómo las olas de calor aumentan los ingresos hospitalarios, disminuyen la productividad, elevan los daños a las infraestructuras y, en casos extremos, disparan incluso la mortalidad, como ocurrió en París en el verano de 2003. Este estudio ha analizado cómo interactúa este efecto con las olas de altas temperaturas derivadas del cambio climático.

Los investigadores han utilizado mediciones de temperaturas de los últimos 35 años en Bélgica, comparado la frecuencia y la intensidad con las que se han excedido los límites de alerta de temperatura, a partir de los cuales se espera efectos como, por ejemplo, afecciones a la salud. Ese periodo, las olas de calor fueron mucho más intensas en las ciudades que en el campo, un fenómeno que se espera se agrave en el futuro.

Usando simulaciones y modelos generados con supercomputadoras, las primeras estimaciones prevén que para el periodo 2041-2075 el impacto del calor en las ciudades se multiplicará por cuatro. Esas olas de calor, medidas tanto en su frecuencia como en su duración e intensidad, serán el doble de graves en las ciudades que en el entorno rural.

Según explicó Wouters, esas previsiones corresponden a un escenario medio y reconoce que hay muchos factores que pueden afectar los cálculos, desde cuántos gases de efecto invernadero sigan vertiéndose a la atmósfera o cuán grande sea el crecimiento de las ciudades. Así, el peor escenario posible es el de olas de calor que excederían en hasta 10 grados centígrados los niveles de alerta y se prolongarían durante 25 días en el verano.







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<h2>Un sorprendente haz de luz apareció en el cielo de Canadá</h2><p>Se trata de una <strong>columna de luz</strong> violácea que no había sido catalogada con anterioridad. Eric Donovan, profesor asociado de la Universidad de Calgary, identificó este fenómeno en una serie de fotos compartidas en un grupo de Facebook.</p><p><strong>El extraño arcoíris de fuego que iluminó el cielo de Singapur</strong></p><p>El grupo lo definió en principio como un arco de protones, pero Donovan señaló que esto no era posible ya que este tipo de auroras no son visibles. Ante la duda, Donovan y sus colegas recurrieron a una constelación de satélites de la Agencia Espacial Europea (ESA) que estudia el campo magnético de la Tierra para obtener más información. Así descubrieron que <strong>la columna de</strong> <strong>luz era una corriente de gas que fluía a gran velocidad en las secciones más elevadas de la atmósfera</strong>.</p><p><strong>Una luz llamada Steve</strong></p><p>Cuando los satélites de la ESA sobrevolaron la ráfaga de gas a unos 300 Km sobre la superficie de la Tierra, notaron que la <strong>temperatura del aire dentro de la columna era 3.000º C más caliente</strong> que el aire que la rodeaba. Por otra parte, el gas fluía a una <strong>velocidad de 6 km por segundo</strong>, 600 veces más rápido que el aire circundante.</p><p><strong>Diez extrañas luces que pueden aparecer en el cielo</strong></p><p>Aún es muy poco lo que se sabe de este enorme línea de luz violácea, pero se cree que no se trata de una aurora ya que no es el resultado de la interacción de partículas solares con el campo magnético de la Tierra. El fenómeno ya tiene un nombre: <strong>lo bautizaron Steve,</strong> <strong>en honor a un película para niños ("Vecinos invasores") en la que los personajes utilizan este nombre para referirse a una criatura que no habían visto antes</strong>.</p><p><em>"Es increíble como un fenómeno natural hermoso, observado por científicos ciudadanos, puede despertar la curiosidad de los científicos"</em>, señaló <strong>Roger Haagmans</strong>, investigador de la ESA. "<em><strong>Resulta que, al final, Steve es un fenómeno bastante común, pero que no habíamos notado antes</strong>. Esto fue posible gracias a las observaciones desde el terreno, los satélites, el acceso a la información y al ejército de científicos ciudadanos que sumaron fuerzas para documentarlo"</em>.</p><div><br /></div>

<h2>España estuvo muy por debajo en potencia fotovoltaica respecto a Reino Unido en 2016</h2><p><strong>El desarrollo de la energía solar fotovoltaica sigue bloqueado en España</strong>. Un solo dato resulta revelador. <strong>La potencia fotovoltaica instalada por el Reino Unido el año pasado fue 37 veces superior a la de España, que ve cómo cada año pierde posiciones en este ranking</strong>. España llegó a ser el segundo país con mayor potencia solar fotovoltaica instalada en el 2008 y aún ocupaba la tercera posición en el 2012. Pero ha ido bajando escalones y el año pasado estaba ya en el undécimo lugar en el ranking de la Agencia Internacional de la Energía Renovable (IRENA, por sus siglas en inglés), compuesto por 175 países.</p><p><strong>En el Reino Unido se instalaron el año pasado 2.063 MW fotovoltaicos, mientras que en España sólo 55 MW</strong>. El resultado es paradójico. Países europeos con mucha menos radiación solar, como Alemania, Reino Unido o Francia, superan a España en este modo de producir electricidad. Así lo corroboran los datos de IRENA. En su listado <strong>aparecen en cabeza China, que aumentó su potencia un 80%</strong>; Japón, que registró una subida del 25%, y Alemania. Estados Unidos (4ª posición) aumentó su potencia un 52%, e India (7ª), un 83%.</p><p><strong>Años estancada</strong></p><p><strong>La paralización de esta actividad en España se debe al cambio de la normativa impuesto por el gobierno del PP, que eliminó las ayudas (retribución en la tarifa de la luz) a las nuevas instalaciones solares</strong>, y no ha creado un nuevo marco legal sólido para que el sector pueda verse relanzado. El Gobierno aprobó un decreto de autoconsumo, para relanzar el sector, pero sus efectos beneficiosos han sido casi nulos.</p><p><em><strong>“Seguimos en una atonía total, sólo son destacables los aumentos de instalaciones para usos agrarios y agroindustriales, que suponen más del 30% del total”</strong></em>, explica <strong>José Donoso</strong>, director general de la Unión Española Fotovoltaica (UNEF), que reúne a las empresas (fabricantes, instaladores…). El denominado impuesto al sol, que se aplica a la producción solar de más de 10 kw y las trabas administrativas, han sido la losa que explica tan pobres resultados.</p><p>Esta reglamentación tampoco ha servido para relanzar la electricidad verde en el ámbito doméstico, puesto que el Gobierno <strong>no permite vender al sistema eléctrico la energía excedentaria</strong>, algo clave para amortizar antes la inversión de la instalación, ya que la radiación solar se da sobre todo al mediodía (cuando apenas se aprovecha el sol, pues es cuando las familias están fuera de casa). </p><p>En estas condiciones, pues, la inversión sólo es rentable con un balance neto, es decir con la posibilidad de compensar en el recibo de la luz la diferencia entre la luz que vende a la red y la que coge de ella cuando no hace sol. Pero <strong>el gobierno ha prohibido el balance neto</strong>, y la energía excedentaria se debe regalar a la red. En paralelo, el “hachazo” a las renovables se ha completado reduciendo la retribución a las huertas solares y demás instalaciones ya en funcionamiento.</p><div><br /></div>
malaria

Pero el primer paso es averiguar cómo usar la tecnología CRISPR en un organismo tan pequeño, algo que nadie había hecho antes, en gran parte porque el trabajo es bastante desalentador, dijo Akbari. Esto es porque las avispas joyas ponen sus huevos minúsculos dentro de una pupa, que tenía que ser pelada detrás para exponer los huevos. 

Akbari compara la pupa con el tamaño de un frijol y los huevos alrededor de un cuarto del tamaño de un grano de arroz. "Esencialmente se está sacando un huevo pequeño de un huevo más grande, se inyecta con componentes para mutar el ADN y luego se vuelve a poner en el huevo más grande para desarrollarse".


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<h2>Avispas mutantes de ojos rojos</h2><p>Este hito, cuyos resultados han sido publicados en <em>Nature´s Scientific Reports</em>, ofrece a los científicos una nueva forma de estudiar la interesante biología de la <strong>avispa joya</strong>, como por ejemplo cómo los machos pueden convertir toda su progenie en machos usando elementos genéticos "egoístas". </p><p>Nadie sabe cómo ese elemento genético egoísta en algunas avispas macho <em>"puede de alguna manera <strong>matar a los embriones femeninos y crear solo machos"</strong></em>, dijo en un comunicado <strong>Omar Akbari</strong>, un profesor asistente de Entomología que dirigió el equipo de investigación. <em>"Para entender eso, necesitamos perseguir sus cromosomas de PSR (proporción sexual paterna), quizás mediante regiones mutantes del cromosoma PSR para determinar qué genes son esenciales para su funcionalidad"</em>.</p><p>Introduciendo la relativamente nueva tecnología CRISPR, que permite a los científicos inyectar componentes como <strong>ARN y proteínas</strong> en un organismo con instrucciones para encontrar, cortar y mutar una pieza específica de ADN, los investigadores pueden ver cómo interrumpir ese ADN afecta al organismo.</p><p>El objetivo final, en el caso de Akbari, es comprender mejor la biología de las avispas y otros insectos, para que puedan encontrar una manera de controlar los insectos que <strong>destruyen los cultivos o propagan enfermedades</strong> como la <a href=malaria. 

Pero el primer paso es averiguar cómo usar la tecnología CRISPR en un organismo tan pequeño, algo que nadie había hecho antes, en gran parte porque el trabajo es bastante desalentador, dijo Akbari. Esto es porque las avispas joyas ponen sus huevos minúsculos dentro de una pupa, que tenía que ser pelada detrás para exponer los huevos. 

Akbari compara la pupa con el tamaño de un frijol y los huevos alrededor de un cuarto del tamaño de un grano de arroz. "Esencialmente se está sacando un huevo pequeño de un huevo más grande, se inyecta con componentes para mutar el ADN y luego se vuelve a poner en el huevo más grande para desarrollarse".


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Acuerdo de París en la cumbre celebrada en la capital francesa en diciembre de 2015. 

Según estimaciones de Naciones Unidas, en el año 2050 dos terceras partes de la población mundial residirá en áreas urbanas, con los consiguientes retos sociales y ambientales que ello plantea. El desarrollo sostenible de zonas urbanas en expansión supone un desafío en la redacción de políticas urbanas a nivel territorial, estatal y mundial.

La planificación urbana constituye una de las herramientas más potentes para mitigar el impacto ambiental de las ciudades y reducir su contribución al calentamiento global. Tradicionalmente, en las disciplinas responsables de decidir la forma y distribución de la ciudad, no se incluían criterios de sostenibilidad ni las consecuencias ambientales que se derivan del uso de los servicios públicos por parte de sus habitantes, a pesar de que estos servicios son esenciales para el bienestar de los ciudadanos y el desarrollo económico de la zona.

Una investigación conjunta de la Universidad Politécnica de Madrid y la Universidad de Granada ha logrado crear ahora un método para evaluar la influencia de las estrategias de planificación urbanística sobre las emisiones de carbono asociadas a las ciudades.

Los investigadores han incluido con un enfoque innovador el impacto ambiental de las redes y servicios públicos, cuyo diseño es consecuencia directa de los condicionantes de planificación urbana y que tradicionalmente ha sido obviado en la evaluación del impacto ambiental. Entre otros, se ha considerado la red de abastecimiento de agua, el sistema de recogida de residuos y la red de alumbrado público. Los resultados obtenidos ponen de manifiesto la considerable contribución de estos elementos en el impacto medioambiental de las zonas urbanas a lo largo de su ciclo de vida.

Como las emisiones de carbono asociadas con el uso de la ciudad provienen de edificios e instalaciones urbanas y servicios públicos, los autores del estudio se han centrado en la etapa de uso y operación de estos elementos y no en la de construcción, ya que es su utilización la que representa el mayor impacto ambiental.


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<h2>¿Cómo se disminuye la huella de carbono de las ciudades?</h2><p><strong>Las ciudades representan el mayor foco de emisión mundial de dióxido de carbono (CO2)</strong>, uno de los gases de efecto invernadero que contribuye al calentamiento global. <strong>Reducir las emisiones de carbono es cuestión prioritaria en la agenda de la Unión Europea</strong>, especialmente con la aprobación del <a href=Acuerdo de París en la cumbre celebrada en la capital francesa en diciembre de 2015. 

Según estimaciones de Naciones Unidas, en el año 2050 dos terceras partes de la población mundial residirá en áreas urbanas, con los consiguientes retos sociales y ambientales que ello plantea. El desarrollo sostenible de zonas urbanas en expansión supone un desafío en la redacción de políticas urbanas a nivel territorial, estatal y mundial.

La planificación urbana constituye una de las herramientas más potentes para mitigar el impacto ambiental de las ciudades y reducir su contribución al calentamiento global. Tradicionalmente, en las disciplinas responsables de decidir la forma y distribución de la ciudad, no se incluían criterios de sostenibilidad ni las consecuencias ambientales que se derivan del uso de los servicios públicos por parte de sus habitantes, a pesar de que estos servicios son esenciales para el bienestar de los ciudadanos y el desarrollo económico de la zona.

Una investigación conjunta de la Universidad Politécnica de Madrid y la Universidad de Granada ha logrado crear ahora un método para evaluar la influencia de las estrategias de planificación urbanística sobre las emisiones de carbono asociadas a las ciudades.

Los investigadores han incluido con un enfoque innovador el impacto ambiental de las redes y servicios públicos, cuyo diseño es consecuencia directa de los condicionantes de planificación urbana y que tradicionalmente ha sido obviado en la evaluación del impacto ambiental. Entre otros, se ha considerado la red de abastecimiento de agua, el sistema de recogida de residuos y la red de alumbrado público. Los resultados obtenidos ponen de manifiesto la considerable contribución de estos elementos en el impacto medioambiental de las zonas urbanas a lo largo de su ciclo de vida.

Como las emisiones de carbono asociadas con el uso de la ciudad provienen de edificios e instalaciones urbanas y servicios públicos, los autores del estudio se han centrado en la etapa de uso y operación de estos elementos y no en la de construcción, ya que es su utilización la que representa el mayor impacto ambiental.


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mecanismos únicos que los insectos usan para mantenerse en el aire. Después de resolver la paradoja de los abejorros -esos insectos no deberían ser capaces de volar bajo las reglas normales de la aerodinámica- la ciencia ha logrado explicar cómo los mosquitos mueven sus alas en un ángulo tan corto y aún así producir el suficiente ascenso en el aire. Un estudio publicado en la revista Nature describe que los mosquitos de la especie Culex describen con sus alas un arco de aproximadamente 40 grados a una velocidad de casi 800 aleteos por segundo, cuatro veces más rápido que muchos insectos de un tamaño similar. 

Un grupo de científicos ha utilizado cámaras de alta velocidad y análisis digital para entender los mecanismos únicos que los insectos usan para mantenerse en el aire. Después de resolver la paradoja de los abejorros -esos insectos no deberían ser capaces de volar bajo las reglas normales de la aerodinámica- la ciencia ha logrado explicar cómo los mosquitos mueven sus alas en un ángulo tan corto y aún así producir el suficiente ascenso en el aire. Un estudio publicado en la revista Nature describe que los mosquitos de la especie Culex describen con sus alas un arco de aproximadamente 40 grados a una velocidad de casi 800 aleteos por segundo, cuatro veces más rápido que muchos insectos de un tamaño similar. 

"Lo hemos conseguido gracias a un sistema de infrarrojos LED, el diseño de una plataforma de iluminación personalizada y mediante el uso de ocho cámaras en diferentes ángulos", cuenta Simon Walker, del Departamento de Zoología de la Universidad de Oxford. Walker explica que, para grabar un insecto generalmente se utilizan dos cámaras, que permiten capturar cualquier ángulo del insecto y calcular sus coordenadas en tres dimensiones. 

"Pero, debido a los problemas con las antenas y las patas del mosquito Culex, acabamos utilizando ocho aparatos para asegurarnos de que desde cualquier ángulo e intervalos temporales tendríamos suficientes imágenes del mosquito que nos permitieran realmente ver sus alas claramente", añade el zoólogo.

La tecnología, que dispara a 10.000 fotogramas por segundo, ha revelado técnicas de vuelo todavía desconocida en los insectos. "Los mosquitos utilizan tres técnicas aerodinámicas diferentes para sostener el peso de su cuerpo durante el vuelo. La primera es su vórtice delantero, presente en casi todos los insectos, aunque los mosquitos no son tan dependientes de él. Las demás son un vórtice posterior y de arrastre rotacional, que son estrategias nuevas en los mosquitos y que proporcionan los movimientos sutiles y precisos del ala al final de cada aleteo", explica el investigador. 


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<h2>Resuelto el enigma del vuelo de los mosquitos</h2><p>Un grupo de científicos ha utilizado cámaras de alta velocidad y análisis digital para entender los <a href=mecanismos únicos que los insectos usan para mantenerse en el aire. Después de resolver la paradoja de los abejorros -esos insectos no deberían ser capaces de volar bajo las reglas normales de la aerodinámica- la ciencia ha logrado explicar cómo los mosquitos mueven sus alas en un ángulo tan corto y aún así producir el suficiente ascenso en el aire. Un estudio publicado en la revista Nature describe que los mosquitos de la especie Culex describen con sus alas un arco de aproximadamente 40 grados a una velocidad de casi 800 aleteos por segundo, cuatro veces más rápido que muchos insectos de un tamaño similar. 

Un grupo de científicos ha utilizado cámaras de alta velocidad y análisis digital para entender los mecanismos únicos que los insectos usan para mantenerse en el aire. Después de resolver la paradoja de los abejorros -esos insectos no deberían ser capaces de volar bajo las reglas normales de la aerodinámica- la ciencia ha logrado explicar cómo los mosquitos mueven sus alas en un ángulo tan corto y aún así producir el suficiente ascenso en el aire. Un estudio publicado en la revista Nature describe que los mosquitos de la especie Culex describen con sus alas un arco de aproximadamente 40 grados a una velocidad de casi 800 aleteos por segundo, cuatro veces más rápido que muchos insectos de un tamaño similar. 

"Lo hemos conseguido gracias a un sistema de infrarrojos LED, el diseño de una plataforma de iluminación personalizada y mediante el uso de ocho cámaras en diferentes ángulos", cuenta Simon Walker, del Departamento de Zoología de la Universidad de Oxford. Walker explica que, para grabar un insecto generalmente se utilizan dos cámaras, que permiten capturar cualquier ángulo del insecto y calcular sus coordenadas en tres dimensiones. 

"Pero, debido a los problemas con las antenas y las patas del mosquito Culex, acabamos utilizando ocho aparatos para asegurarnos de que desde cualquier ángulo e intervalos temporales tendríamos suficientes imágenes del mosquito que nos permitieran realmente ver sus alas claramente", añade el zoólogo.

La tecnología, que dispara a 10.000 fotogramas por segundo, ha revelado técnicas de vuelo todavía desconocida en los insectos. "Los mosquitos utilizan tres técnicas aerodinámicas diferentes para sostener el peso de su cuerpo durante el vuelo. La primera es su vórtice delantero, presente en casi todos los insectos, aunque los mosquitos no son tan dependientes de él. Las demás son un vórtice posterior y de arrastre rotacional, que son estrategias nuevas en los mosquitos y que proporcionan los movimientos sutiles y precisos del ala al final de cada aleteo", explica el investigador. 


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