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La catedral de Sevilla, el Coliseo y la Torre de Londres, amenazados por el diésel
21/03/2007
Internacional | Las joyas arquitectónicas urbanas de Europa están enfermando a causa de la contaminación atmosférica, la polución y el tráfico urbano. La «piel» de edificios tan emblemáticos como el Coliseo de Roma, la catedral de Sevilla o la Torre de Londres sufre cada vez más a causa de las actividades humanas. Un «cáncer» en plena metástasis, que con el pasar del tiempo podría poner en peligro la propia supervivencia de estos monumentos, Patrimonio de la Humanidad.
Un estudio llevado a cabo en ocho ciudades europeas y hecho público a principios de semana en Roma, explica por primera vez cómo las emisiones contaminantes se pegan a las paredes de los edificios, ennegreciéndolos velozmente y poniendo en riesgo su color y estructura originales. Las conclusiones del informe, presentado por el Instituto de Ciencias de la Atmósfera y el Clima de Bolonia, alertan sobre la degradación y lanzan un mensaje a las autoridades para que busquen soluciones urgentes y minimicen los daños en la medida de lo posible. «Los monumentos se ennegrecen a un ritmo cada vez mayor, de una forma cada vez más homogénea y con una coloración cada vez más grisácea o marrón», explica la investigadora Cristina Sabbioni.
Además del aumento de las emisiones, las variaciones en su composición química aumentan su agresividad, de forma que lo que antes tardaba 100 años en ensuciarse, hoy lo hace en apenas una década. Los combustibles diésel, por ejemplo, producen un tipo de contaminación especialmente dañina para algunas construcciones. «Con los años, la composición de las partículas de carbono ha cambiado. Hoy, en las áreas urbanas, prevalecen las partículas orgánicas, a causa de los motores a gasóleo, mientras que hace años eran más frecuentes las partículas elementales, de origen industrial», detalla la investigación.
Este cambio provoca variaciones en la coloración de las paredes. Con el tiempo, los monumentos van adquiriendo colores de gamas gris y marrón -en lugar de negro-, y la pátina contaminante no aparecerá en forma de manchas de leopardo, sino de manera más homogénea, repartida por todo el edificio.
Lo que más perjudica a los edificios históricos es, con diferencia, el tráfico urbano. «Un ejemplo muy claro lo tenemos en la Catedral de Sevilla, que fue limpiada recientemente. El lado que está cerca del tráfico presenta una pátina negruzca, formada por partículas cada vez más pequeñas y oleaginosas que se incrustan con rapidez en la superficie. Mientras, las zonas peatonales, presentan daños menores».
La contaminación también es un problema dentro de los museos situados en las grandes ciudades europeas. La Agencia de Protección Medioambiental italiana asegura que se han detectado partículas «peligrosas» sobre las joyas artísticas de la Galería de los Uffizzi en Florencia, así como en la Biblioteca Británica de Londres.