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Galicia | GALICIA.La cigala está casi extinguida en los caladeros gallegos. Los pescadores apenas vislumbran algún ejemplar entre sus redes y no es para menos, la sobreexplotación ejercida sobre este crustáceo marino a lo largo del tiempo ha provocado que esta especie sea aún más sensible a otros tantos factores como la destrucción de su hábitat, la contaminación o el cambio de corrientes. La alarma está servida. En España apenas se consume cigala gallega ni cántabra (y no porque no se quiera) y la del golfo de Cádiz no da para cubrir toda la demanda. En cambio, en el resto de los caladeros de la costa europea su población, a pesar de sufrir pequeños cambios, continúa estable. De nuevo, todo apunta a una mala gestión, ya que, tal y como sucedió con la anchoa, autorizar más cuotas pesqueras de las debidas trae sus consecuencias «Se está registrando un descenso muy acusado de la población de cigalas en Galicia. Hoy se desembarca (que es como se mide la población de las especies marinas de explotación comercial) un 10 por ciento de los ejemplares que se capturaban hace 25-30 años», aseguró Celso Farina Pérez, del Instituto Español de Oceanografía (IEO)
Peor imposible.
«Así-continúa-, mientras en 1980 en Galicia norte se capturaron entre 400 y 450 toneladas de este crustáceo y 600 en Galicia oeste, en 2005 (los últimos datos disponibles al respecto) se pescaron 65 y 40 toneladas, respectivamente». Y para este año se calculan unos niveles muy similares, puesto que tal y como destaca el científico, «presenciar unos niveles más bajos es prácticamente imposible»
Pero no se trata del único caladero que agoniza. En el área bañada por el mar Cantábrico, la situación se repite. «En la zona del cantábrico se pescaron 20 toneladas de cigala, cuando en 1985 se capturaron entre 100 y 150 toneladas» de este crustáceo, explicó Farina.
La carne tan preciada de la cigala ha sido sin duda su peor enemigo. Pero, ahora, los científicos también ven otros factores que pueden explicar en parte la dramática situación que se vive en los caladeros del norte y noroeste peninsular. «Realmente no sabemos por qué la población de cigala en el área atlántica y cántabra continúa decreciendo de forma tan acusada, pero se barajan varias hipótesis», asegura este científico que lleva 30 años dedicado al estudio de este crustáceo. Cambio de corrientes, destrucción del hábitat y la sobrepesca relacionada con el sexo de la cigala son las posibilidades que se barajan.
«Puede ser que este descenso se haya visto influenciado por un cambio de corrientes durante la época de puesta de la cigala, pero no sabemos si tuvo lugar o no. Otra de las posibilidades es que la especie no obtenga suficientes nutrientes ni los niveles de sustratos adecuados debido al levantamiento y destrucción del fondo provocado por la actividad pesquera, concretamente por la pesca de arrastre», explica Farina. «También -continúa-, se baraja la posibilidad de que su pesca haya incidido más en los machos que en las hembras, y que, por tanto, hubiera menos machos disponibles para la reproducción». «Esto -prosigue- se constató con un crustáceo de Canadá».
De darse este caso, sería porque cuando las hembras son fecundadas pasan un período de tiempo incubando las huevas escondidas en «cuevas». «Aquí pasan hasta siete meses , ya que cuanto más fría esté el agua más tiempo requieren. No salen ni para alimentarse, ya que se alimentan del agua en suspensión», explica. Y cómo no, su sobrepesca, aunque para el científico no puede ser sólo el único factor. «No es posible que la propia pesca de la cigala haya provocado este descenso tan acusado, ya que en otros sitios ocurriría lo mismo y no sucede».